Hasta Goldman Sachs reconoce que los hachazos del Gobierno español empeorarán el crecimiento económico

Según el servicio de estudios de la entidad estadounidense Goldman Sachs, los duros ajustes económicos impulsados por el Gobierno español tendrán una repercusión negativa en las perspectivas de crecimiento del país, que ya eran muy precarias al enfrentarse a “significativos vientos en contra”. No obstante, la entidad, claramente alineada con sus clientes los mercados, alaba el compromiso de Rajoy de recortar el déficit a cualquier precio.

En un informe sobre las nuevas medidas adoptadas por el Gobierno de Mariano Rajoy, el analista de la entidad Andrew Benito subraya que ahora la clave para España será cómo combinar estas medidas “con un mayor ajuste fiscal en el medio plazo, las reformas estructurales y el crecimiento”.

La entidad prevé una contracción de la economía española en 2012 del 1,5%, lo que elevará el déficit para el próximo año también en el 1,5% del PIB y hará que las medidas fiscales adoptadas el viernes sirvan sólo para compensar este deterioro cíclico. “Dicho esto, las medidas relativas al gasto son permanentes más que cíclicas y esto ayudará a reorientar el patrón de demanda a medio plazo”, añade.

En esta línea, Benito incide en que estas medidas parecen positivas en términos de ajustes estructurales, pero advierte de que vienen en un momento “malo en términos de ciclo”. En su opinión, son una señal de que las políticas estructurales están dirigiendo la agenda política tanto a nivel nacional como en la eurozona, incluso aunque esto sea costoso para algunas economías en el momento más débil del ciclo.

Traducido al roman paladino, el analista reconoce que se le está administrando una dosis mortal al enfermo (la economía española), pero se declara contento porque la fiebre está bajando (se reduce el déficit del Estado).

La entidad explica que preveía que el déficit alcanzara en 2011 el 6,7% del PIB y asumía que el nuevo Gobierno pondría en marcha con rapidez medidas para compensar esa desviación de siete décimas respecto al objetivo previsto, para después enfocarse en ajustar el déficit estructural en línea con el programa de estabilidad del anterior Ejecutivo.

En su opinión, los ajustes acordados la pasada semana sugieren que el ajuste fiscal podría ir más allá de lo que la entidad asumía y, “lo que es más importante”, la agencia sigue creyendo que la nueva Administración se centrará en la práctica en ajustes estructurales.

Por último, reconoce que España sigue beneficiándose de que su ratio de deuda respecto al PIB está 20 puntos por debajo de la media de la eurozona para mantener la confianza de los mercados, aunque agrega que es necesario aclarar las implicaciones fiscales de los nuevos ajustes que se hagan en el sector financiero español.

La austeridad impuesta por la UE no es la solución (I)

Desde el comienzo de la crisis financiera, y de forma  especialmente destacable en la respuesta europea a la crisis de la deuda griega, el foco principal se centraba en el tamaño del déficit fiscal del país, que el gobierno anterior había intentado subestimar, y el déficit se atribuyó a un excesivo gasto público (aunque el gasto está cerca de la media de la UE, pero la base fiscal era muy reducida).

No se hizo mención alguna a la estrecha relación entre el déficit exterior de Grecia -o los déficits exteriores de España y Portugal cuando la crisis ya amenazaba con extenderse- y los superávits generados en el norte de Europa, en particular por Alemania. Dado que el déficit de los países periféricos de Europa había sido financiado en gran medida por los bancos del norte de Europa, y los de Alemania y Francia detentaban alrededor de 500 mil millones de dólares en préstamos pendientes de pago en cada país [1], estos países también estaban profundamente involucrados en la crisis a través de la exposición de sus sistemas bancarios.

Una vez que la crisis en Grecia llegó a su punto álgido en el mes de abril, hubo un período prolongado en el que los gobiernos de la zona euro no dieron ninguna respuesta adecuada. Como consecuencia de este retraso se intensificó la especulación contra los bonos del Estado griego, contra las acciones de los bancos y, lo más crítico, contra el
euro. En última instancia, fue la amenaza al euro la que impulsó a los miembros más recalcitrantes de la eurozona a aceptar la necesidad de responder y ponerse de acuerdo para prestar ayuda a Grecia y, cuando resultó insuficiente, crear finalmente el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera por un importe de 440 mil millones de euros. Sin embargo, el efecto de la demora influyó notablemente para que se creara una atmósfera de crisis y las condiciones para que Grecia, España y Portugal se vieran obligadas a adoptar importantes recortes en los salarios y el gasto público.

Poco después, los grandes países europeos comenzaron, uno por uno, a anunciar a su vez importantes programas de reducción de su gasto fiscal. De esta manera – y a diferencia de los trabajadores de EE.UU- mientras que muchos trabajadores de la zona del euro estuvieron relativamente protegidos del impacto de la crisis financiera y la posterior crisis económica, la crisis de la deuda de mayo del 2010 significó un punto de
inflexión decisivo. [2]

Un segundo aspecto inquietante de la crisis de la deuda es la participación del FMI. Ante la insistencia de Alemania, y en contra de las objeciones iniciales del BCE, el FMI asumió parte de la financiación del crédito de 110 mil millones de euros para Grecia, y desempeña un papel
clave en la vigilancia del cumplimiento de Grecia de las condiciones que condicionaban el préstamo. Cuando algunos Estados miembros de la UE, como Hungría y Letonia, que no son miembros de la zona euro, se vieron afectadas por el impacto de la crisis en 2008 ya no tenían ninguna otra defensa posible y fueron obligadas por la UE a dirigirse al FMI en busca de apoyo y, a pesar de que la UE asumió parte de la financiación, dichos países se vieron obligados a someterse a las demandas tradicionales del FMI en lo que a la estricta austeridad fiscal se refiere. De hecho, las condiciones resultaron tan pesadas que en julio de 2010 el gobierno húngaro rompió conversaciones con el FMI sobre la renovación de la ayuda.

En todo caso, con Grecia, el FMI participa, por primera vez, en el establecimiento de condiciones para las políticas económicas que se imponen a un miembro de la zona euro.

Un área distinta de preocupación tiene que ver con las propuestas de reforma de la regulación financiera. En el apogeo de la crisis financiera se aceptó de forma mayoritaria que debían introducirse cambios importantes en la misma. En el curso de las reformas del año pasado se
han propuesto o aprobado en la UE, en los EE.UU. y, a nivel internacional, a través del Banco Internacional de Pagos, nuevas propuestas para los requisitos que deben cumplir los bancos, y que se conocen como Basilea III. [3] En las tres jurisdicciones los bancos desplegaron importantes operaciones de presión en su contra- con un éxito considerable. Las medidas que se han planteado finalmente son muy modestas, pero llama la atención que las introducidas en la zona del euro son aún más débiles que las que se han puesto en marcha en los EE.UU.

En la eurozona, las propuestas de un nuevo marco de supervisión para las instituciones financieras se propusieron por primera vez en el año 2009, y se aprobaron finalmente en septiembre de 2010. Implican la creación de varios órganos colegiados para coordinar una supervisión prudencial. El Espacio Europeo de Riesgo Sistémico, presidido por el jefe del
BCE y con sede en Frankfurt, será responsable de monitorizar los riesgos financieros a nivel macro. El Sistema Europeo de Supervisores Financieros constará de tres nuevas autoridades, formadas por representantes de cada autoridad nacional, para coordinar la supervisión a nivel micro: la Autoridad Bancaria Europea (con sede en Londres), la Autoridad Europea de Valores y Mercados (en París) y la Autoridad Europea de Pensiones Ocupacionales y Seguros (en Frankfurt). En septiembre del 2010 se hicieron también propuestas de regulación del
mercado de derivados y las ventas en corto. Las características principales son que debía informarse de todas las operaciones a un repositorio central con autoridad para suspender la venta a corto (una condición introducida de forma unilateral por Alemania en mayo 2010), y los agentes de derivados debían utilizar una cámara de compensación, aunque finalmente se cedió ante la presión de las grandes compañías y se establecieron exenciones. Por último, en octubre del 2010, los ministros de Finanzas de la UE acordaron finalmente un conjunto de regulaciones para los fondos de cobertura muy débiles y de muy poca entidad.

La Ley de los EE.UU. Dodd-Frank Wall Street y de Protección al Consumidor [4] que fue aprobada por el Congreso, en junio del 2010, también fue considerablemente diluida en un intento desesperado por ganar el apoyo del partido republicano. Sus características principales
son dar responsabilidad a la Reserva Federal para la supervisión de todas las instituciones financieras de importancia sistémica y la creación de un Consejo de Riesgo Sistémico, presidido por el Secretario del Tesoro; restricciones sobre el negocio bancario por cuenta
propia (la llamada ‘Regla Volcker’ [5]); la creación de una Oficina de Protección Financiera al Consumidor; poner las agencias de cualificación bajo supervisión de la Securities and Exchange Commission (SEC); el requisito de que los fondos de cobertura de más de 150
millones dólares se registren en la SEC; restricciones a las operaciones de derivados de los bancos, que tendrán que llevarse a cabo por filiales capitalizadas por separado; y disposiciones para la liquidación de instituciones financieras en quiebra, para eliminar accionistas, despido de los ejecutivos y pago a los acreedores por parte del gobierno, pero recuperando su coste del sector financiero.
Las reformas europeas son mucho más débiles que las ya muy moderadas de EE.UU. en varios aspectos importantes. El Espacio Europeo de Riesgo Sistémico, a diferencia del Consejo de Riesgo Sistémico de los EE.UU., no tendrá poderes vinculantes, y tampoco los tendrán los tres organismos de supervisión, salvo en el caso de que se declarara una emergencia, y aun así serían muy restringidos.

En segundo lugar, los bancos europeos no estarán obligados a introducir ninguna separación entre sus actividades bancarias comerciales y las de inversión, y por lo tanto no sufrirán ninguna restricción sus actividades especulativas (“operaciones por cuenta propia”). En tercer lugar, el acuerdo sobre regulación de los fondos de cobertura no incluye la administración por la nueva Autoridad Europea de Valores y Mercados de la forma que prevé la ley Dodd-Frank para la Securities and Exchange Commission en los EE.UU.. En cuarto lugar, las propuestas europeas para el control de las agencias de calificación crediticia son extremadamente vagas: consisten en promover mayor competencia entre las mismas, y someterlas a una supervisión más centralizada. Por último, la UE no ha establecido ningún mecanismo claro para actuar frente a los grandes bancos de importancia sistémica en peligro de quiebra; por el contrario, se discute cómo el uso de los llamados bonos convertibles que automáticamente se convierten en acciones en caso de crisis, podrían proporcionar capital adicional para los bancos que tuvieran que hacer frente a la insolvencia. Los partidarios de las medidas de la UE argumentan que representan un paso hacia una mayor cooperación europea.

Pero la banca en Europa – como en los EE.UU. – está ahora mucho más
concentrada que antes de la crisis. Los bancos que han sobrevivido se benefician, de hecho, de enormes subsidios, ya que puede pedir prestado muy barato al BCE e invertir en una variedad de activos financieros, incluidos los bonos gubernamentales que proporcionan un beneficio garantizado. Mientras tanto, adoptan posiciones agresivas en los mercados de valores y derivados perfectamente conscientes de que, en ausencia de una política seria para hacer frente a las instituciones que son “demasiado grandes para quebrar”, el Estado se verá obligado a intervenir y apoyarlos en caso de pérdidas importantes.
Las nuevas directrices internacionales de la banca, conocidas como Basilea III se acordaron en septiembre de 2010, después de casi un año de discusiones. [6] Se trata de un intento de obligar a los bancos para que sean menos vulnerable frente a la quiebra, pero constituyen de hecho una versión considerablemente edulcorada de las propuestas iniciales, ya que los grupos de presión bancarios argumentaron con éxito que éstas serían un freno al crecimiento económico. Las nuevas directrices incluyen un incremento de las reservas de capital que los bancos deben mantener hasta un 7% de los activos ponderados por riesgo: la reserva básica se
eleva del 2% al 4,5%, y un nuevo paquete, que se construirá durante los períodos de prosperidad, exige un 2,5% adicional. Las directrices también incluyen el requisito de que los bancos mantengan una mayor proporción de activos líquidos, algo que resultó ser muy controvertido. Sin embargo, debido principalmente a la presión de las autoridades europeas, estas medidas se irán estableciendo progresivamente a lo largo de un período que se extiende hasta 2018 – periodo durante el cual pueden producirse distintas crisis. Todo el enfoque es en gran medida una ampliación de las directrices anteriores conocidas como Basilea II, y que fueron seriamente desacreditadas por la crisis. La dependencia en los requerimientos
mínimos de capital ha conducido a arbitrajes reguladores, con negocios que se desplazan a instituciones financieras no reguladas; además, permiten que los bancos más importantes utilicen sofisticados modelos para evaluar su propio riesgo, como se hizo en Basilea II, lo cual les proporciona una gran ventaja – por no mencionar el hecho de que los grandes bancos han demostrado claramente su incapacidad para evaluar los riesgos de forma fiable.

El poder del sector financiero no se ha reducido en manera alguna por la crisis financiera, ni se verá seriamente coartado por las recientes reformas de la UE o las directrices internacionales conocidas como la nueva Basilea III . Muchos grandes bancos han anunciado de nuevo beneficios importantes en el último año y su capacidad de manipulación para contrarrestar las autoridades democráticamente responsables se demostró ampliamente con las posiciones especulativas acumuladas en la crisis griega, tanto en contra de la deuda pública como del euro. Aunque desacreditado por la crisis, se ha reforzado el sistema de regulación prudencial basado en los requisitos mínimos de capital y las reformas mínimas realizadas en el mismo poco pueden hacer para proteger contra nuevas crisis en el futuro.

  • El pacto de Estabilidad no puede hacer frente a los desequilibrios macroeconómicos:

La Comisión Europea ha admitido que la crisis y la recesión posterior han acabado con todos los avances en el empleo que se habían logrado desde el cambio de siglo, es decir, durante la vigencia de la ‘Agenda de Lisboa “, que se suponía iba a transformar y dinamizar la economía de la UE mediante la integración impulsada por el mercado, a través de la desregulación de las empresas en general y de las finanzas en particular, y de las llamadas “reformas estructurales” en el mercado de trabajo que típicamente debilitan la posición de los peor pagados y de los trabajadores en situación más vulnerable. De ello se deduce que las
repetidas afirmaciones de la Comisión en el sentido de que la Estrategia de Lisboa fue un éxito, en realidad, carecían de todo fundamento – las mejoras efímeras en el empleo que se consiguieron no reflejan, en su mayor parte, ningún mejor funcionamiento de la economía sino un acceso más fácil al crédito por parte de las economías más débiles, con el apoyo de puntos de vista poco realistas por parte de prestatarios y prestamistas, y del funcionamiento de la eurozona y su capacidad para hacer frente a los desequilibrios de manera indolora. Por supuesto, en algunas economías, estos puntos de vista irreales tomaron la forma de burbujas
de precios de los activos, prometiendo grandes ganancias de capital para los prestatarios al tiempo que ofrecían avales sólidos para los prestamistas.

De hecho, los líderes europeos fueron en gran medida los responsables de estos desequilibrios. No tomaron medidas, ni llegaron siquiera a considerar la necesidad de tomarlas, para controlar las crecientes disparidades en la zona del euro. El único esfuerzo de coordinación macroeconómica consiste en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que, al margen de su tendencia a promover políticas presupuestarias excesivamente restrictivas, no entraba para nada en corregir la ampliación de los desequilibrios. El fracaso global de estas políticas no impide que la Comisión Europea exija su continuidad. En su agenda para la nueva década (Europa 2020), la Comisión requiere que se reanude de manera casi inmediata la misma postura restrictiva que ha frenado el desarrollo económico durante más de veinte años:

El Pacto de Estabilidad y Crecimiento brinda el marco adecuado para poner en  práctica las estrategias fiscales restrictivas y los Estados miembros deben establecer dichas estrategias en sus programas de estabilidad y convergencia. Para la mayoría de países, el inicio de la consolidación fiscal deberá producirse en el año 2011. El proceso de conducir los déficits fiscales por debajo del 3% del PIB deberá completarse, como norma, en el 2013.

 

No dan ninguna justificación para este programa temporal y la fecha límite de 2013 es completamente arbitraria. Con el déficit global del Sector Público de la UE en el 7,2% del PIB en 2010 (6,6% en la zona del euro), la propuesta es totalmente inviable. No tiene ningún sentido contemplar la deuda del Sector Público en el marco del Pacto de Estabilidad, que ha quedado claramente demostrado que es disfuncional. Como se ha señalado anteriormente, algunas de las economías más afectadas por la crisis, como las de España e Irlanda, tenía superávit presupuestario en el año 2007. El déficit presupuestario es consecuencia de la crisis, no su causa. Por lo tanto la sustitución, en muchos de los discursos oficiales, de la reducción del gasto público para la reafirmación del control social sobre las finanzas como elemento clave para la recuperación, oculta las principales cuestiones económicas y políticas.

Una propuesta totalmente inaceptable es la regla que prohíbe que el gasto público crezca más rápidamente que el PIB. Esto excluiría cualquier movimiento de otros Estados miembros hacia el modelo social escandinavo de elevado gasto público, a pesar de que se reconoce ampliamente que dichos modelos sociales consiguen combinar buenos resultados económicos con altos niveles de protección social y menor desigualdad que el resto de Europa . En general, dicha regla también impide que los países incrementen la inversión pública para atender las necesidades que consideren importantes.

Las actuales políticas macroeconómicas de la UE tienen el objetivo de reafirmar las restricciones presupuestarias del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, el de recuperar el empleo con un crecimiento económico más rápido y reducir los grandes desequilibrios entre los Estados miembros, especialmente entre los de la eurozona . Estos objetivos son, sin embargo, incompatibles: implican un gasto totalmente inverosímil de los hogares y las empresas. Si se intenta llevar a cabo la consolidación presupuestaria en la escala recomendada, la economía de la UE se verá empujada hacia la recesión, con niveles de paro más altos todavía. [7]

  • Las “políticas de oferta” no crean puestos de trabajo:

La crisis económica ha supuesto un reto importante para el empleo en la Estrategia Europea de Empleo (EEE), que recoge las principales prioridades y directrices establecidas a nivel de la UE para las políticas de empleo de los Estados miembros de la UE. Debido a su enfoque en las políticas de oferta y las medidas de flexibilidad laboral orientada hacia el desempleo estructural, la Estrategia Europea de Empleo y sus directrices en política de empleo para el período 2008-2010 han sido incapaces de enfrentar el aumento del desempleo cíclico, es decir, despidos masivos y una fuerte caída de la demanda de mano de obra. Debido a ello, desde 2008 se produjo un intento de limitar las pérdidas de empleo y su impacto sobre la demanda agregada que generaba malestar social mediante un cambio de sentido en la política laboral en la mayoría de los estados miembros de la UE. Esta nueva prioridad de la política laboral, que consistía en el mantenimiento del empleo, se convirtió en el objetivo primordial de los gobiernos para prevenir que la recesión se convirtiera en depresión.

Dada la profundización de la crisis en 2008, se evitó la pérdida de un número considerable de puestos de trabajo mediante una combinación de iniciativas macroeconómicas, industriales y de mercado de trabajo. Prácticamente todos los Estados miembro de la UE adoptaron políticas
fiscales y de crédito expansivas, , mientras muchos gobiernos proporcionaban al mismo tiempo ayuda temporal a los sectores desproporcionadamente afectados por la crisis (por ejemplo, la industria del automóvil y el transporte aéreo), infringiendo la normativa
comunitaria de competencia. En el ámbito de la política del mercado de trabajo el nuevo elemento fue la aplicación de la flexibilidad interna y planes de mantenimiento del puesto de trabajo (trabajo a tiempo parcial, despidos temporales, reparto del trabajo): estas reducciones que implican tanto el tiempo de trabajo como los salarios – compensadas en parte por
subsidios del Estado – a cambio del mantenimiento del empleo. Algunos países de la UE también reforzaron sus “amortiguadores sociales” aumentando las prestaciones por desempleo o los niveles del salario mínimo (Bulgaria, Rumania) o ampliando el tiempo previsto de
suspensión temporal de empleo (Bélgica).

Todas estas iniciativas a nivel nacional se legitimaron en el ámbito de la UE y se propagaron desde el Plan Europeo de Recuperación Económica (diciembre de 2008), y por decisión del Consejo Europeo sobre prioridades de política económica para hacer frente a la crisis de
empleo. El Consejo Europeo de marzo del 2009 reconoció la importancia de prevenir y limitar las pérdidas de empleo, y permitir que los sistemas de protección social cumplieran con su papel de estabilizadores automáticos. El Consejo Europeo de junio del 2009 aprobó las
propuestas de la Comisión Europea sobre nuevas prioridades en política laboral, incluyendo por primera vez el mantenimiento del empleo. [8]

Este corto ‘paréntesis keynesiano’ fue llevado apresuradamente a su fin en el ámbito de la UE con el aumento de la deuda soberana y el inicio de la crisis de la deuda, primero en Grecia y después en otros países la zona euro. Entre finales de 2009 y la aprobación del informe estratégico Europa 2020, el ECOFIN y el Consejo Europeo impulsaron un gradual retorno al orden neoliberal, principalmente a través de la reactivación del Pacto de Estabilidad. Este regreso se organiza a través de una estrategia coordinada de terminar con la ‘ayuda temporal del estado relacionada con la crisis’ (estímulos fiscales, apoyo al desempleo a corto plazo,
planes de apoyo al sector, acceso a apoyo financiero, apoyo al sector financiero) y una reversión total de las prioridades de la política económica. Las nuevas prioridades a corto y medio plazo de la UE son: (a) consolidación presupuestaria y reducción del déficit para cumplir con los requisitos del Pacto de Estabilidad (b) contención de la evolución de los
salarios y los costes laborales para combatir los desequilibrios externos (mejora de la competitividad) y (c ) una vigilancia más estricta a nivel de la UE de las políticas económicas de los Estados miembros. Como incluso el FMI ha llegado a advertir, la adopción simultánea de políticas restrictivas en toda Europa supone un riesgo de conducir la economía hacia una recesión o, como mínimo, a un período de bajo crecimiento que exacerbará la crisis del empleo. Al mismo tiempo, el giro en la política supone un nuevo ataque a los derechos de los trabajadores y al Estado del Bienestar en toda la UE, orquestado y coordinado a nivel de la
UE.

No sólo el empleo y los derechos de los trabajadores se verán afectados por el cambio en la política económica, sino también por la reinterpretación de la Estrategia Europea de Empleo en la Europa 2020.

  • Una breve conclusión:

Después de la dura intensificación de la crisis en otoño del 2008, solo el hecho de que los bancos centrales inyectaran liquidez sin precedentes en las principales economías pudo evitar el colapso financiero y mitigar la recesión mundial, que sin embargo ha sido la más profunda y extensa desde la Segunda Guerra Mundial. También se relajaron las políticas
presupuestarias en diversos países, pero el cambio fue en la mayoría de casos muy pequeño– el estímulo significativo que tuvieron en Estados Unidos y en el RU no fue equiparado en Alemania o en la eurozona como un todo.

A pesar de las respuesta de política económica, es evidente que lo que viene a continuación no es una recuperación (ni siquiera parcial) pues lo más probable es que se traduzca en una segunda recesión y un aumento del desempleo.

La tesis defendida en Europa 2020 es por lo tanto totalmente inadecuada para la lucha contra el desempleo. No consigue proponer una combinación adecuada de políticas macroeconómicas, industriales, de empleo y sociales, ni un medio eficaz para la coordinación de esas políticas a nivel europeo. Por el contrario, aboga por medidas de carácter socialmente regresivo que tendrán un impacto especialmente grave en los Estados miembros más agobiados por déficit fiscales y deudas importantes.

 

Referencias

[1] Véase el siguiente ejemplo. El “milagro del empleo” alemán: http://es.scribd.com/doc/76422000/Recuadro-1-El-milagro-del-empleo-aleman

[2] El estallido de la burbuja inmobiliaria ha provocado un fuerte crecimiento del desempleo en España y, después de los importantes programas de rescate de los bancos, recortes importantes en los salarios y el gasto público en Irlanda. Puede leerse un artículo interesante, “el estallido de la burbuja”, escrito en 2006 y que se adelantaba a las lógicas consecuencias de ésta: http://www.berrom.com/estallido-burbuja.htm

[3] Para comprender mejor en qué consiste Basilea III, puede consultarse el siguiente documento elaborado por el Instituto de Empresa, “Basilea III y los retos de la banca”: http://es.scribd.com/doc/76422044/IE-Basilea-III-y-Los-Retos-de-La-Banca

[4]  González Mota, Emiliano y Marqués Sevillano, J. Manuel (Dirección General Adjunta de Asuntos Internacionales del Banco de España). “Dodd-Frank Wall Street Reform – Un cambio profundo en el sistema financiero de USA”: http://es.scribd.com/doc/76422291/Dodd-Frank-Wall-Street-Reform-Un-Cambio-Profundo-en-El-Sistema-Financiero-de-USA

[5] “La ley Volcker suma enemigos en Wall Street”: http://www.cincodias.com/articulo/d/ley-volcker-suma-enemigos-wall-street/20100123cdscdicnd_2/

“La Regla Volcker sólo genera dudas”: http://www.cnnexpansion.com/negocios/2011/10/11/wall-street-pendiente-de-regla-volcker

[6] “Basilea obliga a la banca a aumentar sus reservas para afrontar las crisis”: http://www.expansion.com/2010/09/12/portada/1284312301.html

[7] Para un detallado análisis de la inconsistencias de las propuestas de política macroeconómica de la UE: M. Brecht, S. Tober, T. van Treeck, A. Truger. “Squaring the Circle in Euroland? Some Remarks on the Stability and Convergence Programmes 2010-2013″, Macroeconomic Policy Institute, Hans-Böckler-Stiftung, 2010. http://bit.ly/t3QBmq

[8]  Véase: Comisión Europea (2009), A Shared Commitment for Employment : http://ec.europa.eu/social/main.jsp?langId=en&catId=89&newsId=514

Las peores ‘hiperinflaciones’ de la historia

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Imagen 1. Durante la hiperinflación los valores nominales de los billetes llegan a números increíbles.

La inflación que rebasaba el 10% anual es una inflación muy grande. Sin embargo, en la historia tenemos casos mucho más flagrantes, hiperinflaciones que depreciaron todos los ahorros en tan sólo unos días. Cuando grandes posesiones de efectivo, se convirtieron en papeles sin valor y en las tiendas (si aún recibían efectivo) se pagaba con billetes de valores extremos. Y exactamente sobre estos casos de inflación extrema, también llamada hiperinflación, hablaremos en este artículo.

Según Philip Cagan la definición de hiperinflación es cuando la inflación supera el 50% al mes. Sin embargo, las definiciones pueden variar. La primera hiperinflación registrada, ocurrió durante la Revolución francesa cuando la inflación mensual alcanzó el 143%. Otras hiperinflaciones se registraron durante el siglo XX. Y algunas incluso después del 2000. Estas hiperinflaciones fueron las peores de la historia. A continuación os mostramos las cinco hiperinflaciones más grandes que han ocurrido en la historia del mundo:
5. GRECIA 1944.

La inflación mensual más alta: 13.800%
El precio se duplicaba cada 4,3 días.

Imagen 2. La hiperinflación en Grecia ocurrió durante la segunda guerra mundial.

La hiperinflación de hecho comenzó en 1943, cuando los ejércitos alemanes entraron en el país. Sin embargo, la hiperinflación más aguda y rápida comenzó cuando el gobierno en destierro reestableció el control sobre Atenas en octubre de 1944. Durante octubre, los precios se dispararon a precios increíbles 13.800%. Sin embargo en noviembre ya fue algo menos 1.600%.
En 1938 los griegos solían tener un billete 40 días antes de gastarlo, pero en noviembre de 1944 el tiempo medio de poseer un billete bajó a 4 horas. En 1942 la denominación de la moneda más grande fue 50.000 dracmas. En 1944 la denominación más grande fue 100.000.000.000.000 dracmas.

El motivo de la inflación fue la guerra mundial. En 1939 el surplús de presupuesto fue 271 millones de dracmas. Pero en 1940 el surplús se convirtió en un déficit de 790 millones de dracmas. El banco de Grecia, dobló la oferta de dinero en 2 años para afrontar la deuda. Los gastos militares estaban creciendo mientras que las ganancias de los impuestos estaban bajando.

4. ALEMANIA 1923.

La inflación mensual más alta: 29.500%
El precio se duplicó cada 3,7 días.

Imagen 3. Los billetes perdieron tanto valor que se utilizaban para empapelar, ya que llegaron a ser más baratos que el papel de pared.

En la República de Weimar (Alemania) uno de los problemas más graves fue la inflación. En octubre de 1923 alcanzó a ser de un 29.500% mensual. La inflación diaria fue alrededor del 20,9%. En 1914 Alemania acabó con el patrón oro y comenzó con la tasa de cambio a 4,2 marcos por dólar americano. En agosto de 1923 un dólar americano equivalía a un millón de marcos y en noviembre a 238 millones de marcos.

La hiperinflación fue causada por la primera guerra mundial. En 1914 los alemanes dejaron de utilizar el patrón oro y comenzaron a financiar sus gastos militares con las deudas. Hasta 1919 los precios se duplicaron y además Alemania perdió la guerra.
El Tratado de Versalles pedía a Alemania que pagara reparaciones en equivalente de oro o en monedas extranjeras. Los alemanes comenzaron a comprar moneda extranjera a cualquier precio y causaron la devaluación de su moneda.
En 1923 Alemania ya no podía pagar las reparaciones, así que los ejércitos de Francia y Bélgica entraron en la Cuenca de Ruhr en enero de 1923 y pidieron que las reparaciones fueran pagadas en carbón y en materias primas. Esto empeoró aún más la situación y Alemania terminó en una hiperinflación terrible. En el peor momento, el cambio fue de 80 mil millones de marcos por un dólar americano.
Desgraciadamente la hiperinflación en la República de Weimar fue uno de los motivos que hizo posible que el poder en Alemania fuera asumido posteriormente por Adolf Hitler.

3. YUGOSLAVIA 1994.

La inflación mensual más alta: 313.000,000%
El precio se duplicó cada 1,4 días.


Imagen 4. El dinar yugoslavo.

La hiperinflación yugoslava ocurrió entre 1993-1995. Los precios crecieron más en enero de 1994 cuando la inflación alcanzó un increíble 313.000.000% mensual. Los precios se duplicaban cada 34 horas. Durante el período entero de inflación se estima que los precios aumentaron en un 5.000.000.000.000.000%.
En 1995, en Yugoslavia, no se utilizaba la moneda local. Las tiendas rechazaban aceptar el dinar yugoslavo y todo se pagaba en marcos alemanes.

La hiperinflación fue causada por varios elementos. Uno de ellos fue la situación económica en los años ochenta. Crecía el desempleo y también la deuda fue grande. El gobierno se prestaba dinero a corto plazo para pagar la deuda a largo plazo. Para pagar la deuda, el gobierno devaluaba la moneda y la inflación crecía. Las condiciones económicas empeoraban y al mismo tiempo crecía el nacionalismo en un país que fue un conjunto de naciones y religiones diferentes.

En 1990 se desintegra el poder de los comunistas y así se desintegra toda la federación. Mientras que en Croacia se congelaron todos los precios y los salarios, Milosevic en Serbia continuó con la impresión de dinero.
Y el detonante más importante fue nuevamente la guerra. Yugoslavia estuvo en guerra desde 1991 hasta 1995.

2. ZIMBABWE 2008.

La inflación mensual más alta: 79.600.000.000%
El precio se duplicó cada 24.7 horas.

Imagen 5. Mirando la denominación de los billetes, podemos ver como continuaba la depreciación de la moneda en Zimbabwe.

Zimbabwe es el mejor ejemplo actual de hiperinflación. El pico llegó en noviembre de 2008, cuando cada día los precios se duplicaban. Un día el banco central de Zimbabwe emitió el billete de 100 millones de dólares y al día siguiente emitió el mismo pero con un valor de 200 millones de dólares (dólares de Zimbabwe – ZWD). Cuando fue introducido el billete de 100 millones de ZWD, el precio del pan aumentó de 2 millones de ZWD a 35 millones de ZWD de la noche a la mañana.
Para demostrar la inoperancia de los políticos. Podemos poner como ejemplo, el hecho de que fue declarada la inflación como “ilegal” e incluso fue prohibido a los comerciantes y ejecutivos que aumentaran los precios. Algunos de ellos terminaron en la cárcel por aumentar los precios. Nuevamente podemos ver como los políticos (que son los causantes de los problemas) echan la culpa a otros.

El problema de la inflación comienza ya en los años 80, cuando durante la década, el dólar de Zimbabwe perdió alrededor del 70% respecto al dólar de EE.UU.

Imagen 6. El valor del ZWD bajaba ya desde el año 1980 cuando un dólar americano equivalía a 1.25 dólares de Zimbabwe.

Sin embargo el camino hacia la hiperinflación llega en los años noventa con el presidente Robert Mugabe y su programa de redistribución de la tierra, que fue embargada a los agricultores europeos y entregada a los habitantes de Zimbabwe. Los zimbawenses no tenían la experiencia de los agricultores europeos y las producciones de comida bajaron sustancialmente.

La situación de Zimbabwe se puede describir con algunas palabras: La impresión de dinero cada vez más grande para pagar el préstamo del FMI, para pagar los salarios de la policía, los militares,… Al mismo tiempo había escasez de comida básica, de petróleo, de materias y también de papel, ya que el gobierno incluso no tenía papel para imprimir más billetes. Los abastacedores európeos dejaron de llevar papel a Zimbabwe debido a las preocupaciones humanitarias, y en Zimbabwe se comenzaron a utilizar otras monedas, ya que nadie quería aceptar la moneda local.

1. HUNGRÍA 1946.

La inflación mensual más alta: 13.600.000.000.000.000%
El precio se duplicó cada 15,6 horas.


Imagen 7. La moneda de Hungría fue denominada pengõ.

En primer lugar, encontramos a Hungría y su hiperinflación que está fuera de los números comúnes. En 1946 fue emitido un billete con una denominación de 100.000.000.000.000.000.000 (100 trillones) de pengo. En 1944 la denominación más grande era de 1000 pengo. En el peor momento la inflación fue del 195% diario y la tasa de inflación mensual llegó a 13.600.000.000.000.000%.

Hungría estuvo muy herida por la Gran Depresión de 1929-1933, y al borde de la segunda guerra mundial su economía se encontraba en un estado muy frágil. El banco central estuvo bajo el control entero del gobierno e imprimía dinero según sus deseos.

►  Ahora cabe preguntarse -dado que es obvio que estamos condenados a repetir la historia-, ¿cuál será la siguiente hiperinflación? ¿Merece la pena exponerse a los parches que puedan llevarnos a ella?